
Estuvimos una semana en uno de los más pintorescos Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz, que no era otro que El Bosque, mucho ha llovido desde entonces, me acuerdo que fuimos también a Benamahoma y a Ubrique, era también la primera vez visitaba la sierra, acostumbrado a la planicie de Chipiona, la verdad es que me sentía un poco agobiado rodeado de tantas “montañas” y no lo digo con acritud, lo digo realmente, porque me sentía un poco “prisionero e insignificante” en aquellos bonitos y altos parajes, a pesar de eso para mi todo fue novedoso y divertido, por eso lo estoy relatando.
También recuerdo cuando en el colegio nos aprendíamos los nombres de todos los países en el mapamundi y en el globo terráqueo jugábamos a descubrirlos y a estudiarnos sus capitales e imaginábamos que viajaríamos y conoceríamos in situ todo lo que nos explicaban los maestros y lo leído en los libros, con el paso del tiempo yo por lo menos lo fui intentando, no hubo año a partir de aquella primera experiencia de “El Bosque” no realizara una “excursión”, primero por España y luego por el extranjero Alemania, Portugal, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Marruecos, Estados Unidos, Cuba o República Dominicana, sin olvidar la aventura de El Camino de Santiago, no hay dinero que me gaste mejor y más a gusto que en un viaje, aunque haya una frase muy popular en Chipiona que dice “Que un bajío en la Cruz del Mar vale más que todo lo que hay por ahí afuera”, cosa más que discutible, pero en estos momentos no es el caso.
El viajar nos vuelven más tolerantes y transigentes y mucho más abiertos, al recibir en primera persona, conocimientos, vivencias, costumbres y conceptos nuevos que en muchas ocasiones son totalmente distintos a los habituales que solemos tener en el lugar que habitamos, viajar quizás nos haga bajar la soberbia y el orgullo y eso nos hace ser un poco más humilde, espero que estos pensamientos sean ciertos.








