Se agotaban los días,
los minutos y las horas,
y poco a poco
se convertía en la nada.
Vendió su alma a Lucifer
por una riqueza efímera y ridícula
cambió oro por rayos de sol,
amaneceres por esmeralda y joyas.
Ahora es el más rico del cementerio,
encima de su cuerpo frío
hay un ángel de mármol negro,
sus restos reposan en un sarcófago de plata.
Plañideras bajo pago
gritan, lloran y rezan,
y una corona con una frase:
“Tus herederos jamás te olvidan”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario