Vienen tiempos de elecciones, periodos raros y
sorprendentes, sobre todo para algunos votantes que rozan el radicalismo,
pensando que sus elegidos le van a solucionar concretamente “sus problemas” y
no los de la comunidad.
El fanatismo llega tan lejos que si alguien les comenta
que su elegido es otro diferente, la rabia y la ira le brotan por todos los
poros de su piel.
La furia les surgirá luego cuando descubran que sus
ídolos si vencen, no tienen barita mágica para cumplir lo prometido y menos “sus
problemas” concretamente.
Durante algún tiempo se rasgará sus vestiduras por sus
deidades a seguir, defendiéndolos a capa y espada, y no dejando títeres sin
cabezas sin no piensan con él, entusiasmo y fervor por su causa a seguir,
obsesión y mucha ceguera, donde brilla la intransigencia e intolerancia al cien
por cien.
La pérdida de amigos y conocidos en el campo de
batalla, no se hacen prisioneros, conmigo o contra mí, está claro que soplan
vientos a punto de convertirse en un huracán.
De todas formas y manera yo si voy a votar…


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