Jamás me imaginé que algún día sería capaz de cortar
jamón de forma profesional, pues eso ha sucedido.
Siempre había escuchado el refrán “Que si en casa el
pobre había jamón, o estaba malo el pobre o estaba malo el jamón.
Pues gracia a una colección de 100 fascículos semanales
y unos DVD, ya tengo mi título “Jamonero”, con la primera entrega venía el
hueso, diez lonchas y el cuchillo.
Ahora después de tres años ya me puedo buscar la vida
en comuniones y bodas.
Mi diploma ya está enmarcado junto a mi Graduado Escolar en el salón de mi casa.
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