La respuesta está en el viento,
cuando el Hotel California
cerró sus puertas,
las escaleras al cielo
fueron autopistas al infierno.
Un puente de aguas turbulentas
con humo en el agua,
vivimos la fiebre de un sábado noche
dentro de un submarino amarillo,
en la cara oculta de la luna.
Nos mojó la lluvia purpura,
y el vudú de la mujer de magia negra,
llamamos a las puertas del cielo,
en la casa del sol naciente y
sonaron los sonidos del silencio…
Éramos héroes
o solamente Quijotes...

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