El lunes moría,
dando las gracias por nada.
El martes fallecía,
se iba sin mirar atrás.
El miércoles perecía,
sin mueca de dolor.
El jueves expiraba,
sin decir adiós.
El viernes acababa,
sin pena, ni sufrimiento.
El sábado agonizaba,
sin daño, ni malestar
El domingo renacía,
libre como el viento,
en una huida constante
a la luz del nuevo día...


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