miércoles, 3 de junio de 2009

VIVE EN MI UN RECUERDO



A veces me siento más viejo y no por la edad, sino por las vivencias y recuerdos, viniendo a mi memoria momentos, sitios y personas que han compartido mi espacio y mi tiempo...

Recuerdo las tardes jugando al escondite en los grandes cerros de arenas finas y limpias, que había a los pies del faro, el edificio de Marielo, grandioso en su promontorio, distante pero siempre cercana, la torre de la parroquia con nido de cigüeña incluido, antes del despiadado alicatado de cuarto de baño de culebrón venezolano.

Los autobuses de Los Amarillos pasando por la calle Padre Lerchundi, donde los conductores tenían que hacer mil una peripecias cuando giraban por la esquina de "El Chusco".

El flamante y negro coche del Infante con un pequeño remolque, adelantándose a su época, donde llevaba a sus preciados perros.

La Romería del Pinar por la carretera de Rota camiando hacia Peritanda, la Velada de la Virgen de Regla, con una visita a la caseta de los “Tiritos”, donde con un disparo certero de una escopeta de balines, acertabas a una pequeña bola metálica, alcanzando así su correspondiente premio... una copita de moscatel.

Los gritos de "El Hombre de la Ratita” pregonando su original negocio y como no... las pelotas de cuero rellenas de serrín, terror de los traseros de las niñas de la pandilla y de las que no.

Rememoro la inauguración de la gasolinera que se encontraba a las afueras, hoy en pleno centro, la instalación del primer semáforo en la esquina de la plaza de abasto, cuando aún había un tramo que no era peatonal de la calle Isaac Peral desde el Bar Paquito al Bar Los Faroles.

La pérdida del uso de algunos nombres de barrios emblemáticos del municipio como el Santo, el Punto o la Caeta.

El olvido de personas y sus quehaceres, los chascarrillos del Busquillo, la caja de limpiabotas del Carnuzo, la bandurria del Calandria o el malhumor de Panfué  y una gran lista interminable de personajes entrañables, e irrepetibles y anónimos que jamás tendrán una calle con su nombre en este, su pueblo..., porque estos reconocimientos suelen llegar cuando ya sirven de poco o de nada, porque la historia en muchos casos va muy lenta.

¿Qué fue de aquella flota de carrillos de chucherías? Que regentaban dos familias muy trabajadoras y queridas en Chipiona, "Los Gongos” y "Los Limones”, los primeros en formas de barcas blancas y los segundos con carros forrados de tablas verdes.

Atrás queda Lapacha poblada de eucaliptos y algún pino piñonero, el arroyo de desagüe que estaba justo detrás del Colegio Virgen de Regla, sin olvidar una laguna llena de vida y naturaleza, cuantas cosas sean transformado, modificado o desaparecido en tampoco intervalo de tiempo.

Y para finalizar recordar cuando teníamos que ir al dentista o al oculista, y previo desplazamiento a la ciudad vecina de Sanlucar, volvíamos con nuestros problemas resueltos y un gran paquete de avellanas de los toros que se compraban donde se estrechaba la calle Ancha, vaya paradoja...

Es bueno recordar que el pasado es siempre presente, y de vez en cuando tenemos que echar la vista atrás para luego dar un paso adelante. Porque al final lo que viven siempre en nuestra memoria son los recuerdos de nuestra gente y nuestro pueblo...

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