jueves, 15 de abril de 2010

"FANFARRONIUS"



Hoy os hablaré de un sujeto muy peculiar y singular del fanfarrón: del que dice literalmente el diccionario, “Es el que presume de lo que no es, especialmente de valiente y los sinónimos que lo acompaña son los de presuntuoso, fantasma y bravucón”. De estos mezquinos y miserables personajes está la sociedad saturada, llegando hacer en muchos momentos molestos y cansinos a toda esa gente que les rodean, por esas ansias que tienen de ser el centro de atención, intentándolo en todas las ocasiones que les surgen, serían capaz de vender a madres, esposas e hijos o de difamar y denigrar a sus amistades por disfrutar de sus “quince” minutos de gloria, es penoso que tengan que recurrir a estos tipos de artimañas y estratagemas para conseguir tan ruin y rastrero objetivo.
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Es vergonzoso y bochornoso lo que puede salir de sus bocas con tal de hacerse notar, el insulto es su moneda de cambio habitual, sin pensar el daño que pueden producir a sus presuntas victimas a las que muchas veces atacan sin el más mínimo miramiento y consideración, sobre todo si piensan que estas son débiles o frágiles. Esta situación casi siempre es provocada por el sentimiento de envidia que le suele producir el éxito y el triunfo de la gente que el considera sus adversarios, o solo por el simple hecho de no seguirles el juego o reírles sus gracias, pasas a convertirte automáticamente en su más feroz enemigo a derrotar, utilizando todos los métodos más destructivos a su alcance para tal fin.
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Es penoso y patético verlos arrastrarse en algunas situaciones para conseguir aliados para tales batallas, que generalmente pierden a última hora cuando descubren que sean quedado solos ante semejantes ideas fracasadas. Su entretenimiento y distracción favorita es el critiqueo, la mofa y el desprecio más absoluto a todo aquel que el considera su contrincante, no habiendo día en el que no proyecte y planee una nueva acción de ataque para destruirlo, esto supongo les dará vida. El final de su historia, es que si sus víctimas son listas les castigan donde más les duelen, con la indiferencia y el silencio, no haciendo ningún tipo de comentario ni declaraciones por los ataques sufridos y como dijo Isabel Pantoja en aquella famosa frase “Dientes que eso es lo que les jodes”, o aquel proverbio chino, lo que le dijo el perro al hueso “Tu eres duro pero yo tengo tiempo”. 

P.D. Este texto esté dedicado a todos aquellos que se empeñan en poner trabas y obstáculos para que sus semejantes no cumplan sus sueños e ilusiones.

8 comentarios:

ATENEO DE CHIPIONA dijo...

Nombres, nombres....!!!
Saludos

percival dijo...

El Ateneo de Chipiona también quiere nombres pero para hacerlos socios.
He sido el autor del anterior comentario y he inmiscuido al Ateneo debido a mi doble personalidad cibernética. Perdón y saludos

maile dijo...

¿Para que los nombres? Identificar a un brabucon no es tarea dificil, se les ve pronto el plumero.
La indiferencia es el arma perfecta... ni caso.

Besos mi señor Mame. Y espero que ninguno de esos fanfarrones le hiciera daño.

Magdalena Barreto dijo...

Muy buena descripción. Te felicito por el blog, el cual descubrí hace unos días y me ha enganchado completamente.
Me gusta la forma que tienes para expresarte. Clara, directa y sencilla, quizás por eso cada uno de los post, llega donde tiene que llegar.
Dicho esto...un beso.
Por cierto, a mi el nombre del blog, fue precisamente lo primero que me llamó la atención. Lo digo por un post que leí sobre otros posibles nombres en caso de que tuvieras que cambiarlo.

mariajesusparadela dijo...

La envidia es mala compañera. Pero es peor para el que la siente, porque nunca está satisfecho con lo propio. Peor para él.

__MARÍA__ dijo...

Las bravuconadas hacen sufrir mucho.
Lo mejor es lo que decía aquél: ...te azotaré con el látigo de la indiferencia. No hay nada que les haga más daño a esta gente que la indiferencia.

belijerez dijo...

De ti no paso Mamé, pero de los "brabucones" ni los nombro, caen de su propio peso.

Besitos.

AROBOS dijo...

Estoy con María: la indiferencia, y ahí va un refrán: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio."