viernes, 22 de febrero de 2013

LA LLUVIA...





No me gusta la lluvia desde pequeño, siempre me ha producido tristeza y angustia, la oscuridad que suele acompañarla me causa ansiedad, tanto de noche como de día me da inquietud.

Sé que es muy necesaria, pero no cambio una jornada de luz del sur por una de aguaceros, ni un radiante sol por un cielo lleno de nubes.

Las calles llenas de charcos y gente andando bajo paraguas, los zapatos y calcetines mojados me indican que hoy tendré un trance de melancolía…

8 comentarios:

Genín dijo...

jajajaja Pobrecito...
Yo reconozco que soy muy contradictorio, porque me pasa como a ti, pero también lo contrario, me gusta mucho ver caer la lluvia, y las tormentas, pero solo un rato, como mucho un día, casi dos...jajaja
Salud

Isabel Martínez Barquero dijo...

Arriba ese ánimo, Mamé. Sí que es cierto que la lluvia es algo melancólica, pero limpia el ambiente y es una gozada verla tras los cristales, calentitos y secos en casa.
Un abrazo.

María dijo...

Seguimos en las mismas, que nos den luz que nosotros resolvemos.

¡Hasta pasado mañana!

emejota dijo...

Suerte de haber nacido en el sur ¿verdad? Lo cierto es que te entiendo, pero me ocurre exactamente igual que a Genín.... todo depende. Cuando siente uno así lo mejor es eso de pensar que resulta necesaria para la vida y bla bla bla. Bsss.

mariajesusparadela dijo...

A mi me gusta la lluvia. Y me encanta meterme en los charcos.

ana dijo...

Es cierto, ayer coincidimos un poco en el tema aunque yo mezclé varias cosas más. Hoy también escribo sobre la lluvia porque está lloviendo.
Todo tiene su encanto y tenemos que intentar vivir lo que toca en cada momento. Anímate que ya mismo tenemos aquí la primavera que la sangre altera.

Besicos y buen fin de semana en tu tacita de plata.

asidonia dijo...

A mí me gusta, cuando es lenta. Pero en casa.

Mos dijo...

LA lluvia es necesaria y limpia el ambiente, Mamé. Eso no quiere decir que me guste porque a mí tampoco me gusta demasiado. Claro que, si estuviéramos en el norte, sería de lo más normal acostumbrarse a ella e incluso sentirse bien con ella.
Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.